El Criticón De Cine: Nueva sección y 'concurso' en el blog

El Criticón De Cine

Otra forma de ver el cine...

Nueva sección y 'concurso' en el blog

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Un breve apunte: aunque sólo ha contado el último mes como valoración, el blog se encuentra en la posición 21 del ranking de Alianzo sobre los mejores blogs de cine de España :)
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Con esto del concurso no he dado parte de la semana. Y qué mejor manera de empezar anunciando una nueva sección en el blog, a cargo de la flamante ganadora del concurso, SRG (Sara), que se encargará del cine clásico, dando su visión personal. Espero que participéis y le deis una calurosa bienvenida.

Además, se ha puesto interesante el artículo de opinión sobre la piratería, por lo que podéis seguir comentando. Además, no sé si es que no vais al cine o qué, porque no participais en las críticas de Scoop e Infiltrados. Por cierto, hoy acudiré al pre-estreno en Madrid de 'Los Fantasmas de Goya', por lo que habrá nueva crítica próximamente ;)

Respecto al nuevo concurso, propongo una idea: podéis participar haciendo vuestras propias reseñas de las películas que más os gusten, dejándolas en la opción de comentarios. Así, cada uno ha de elegir la suya propia, y hacer una crítica. Para ello habilitaré una entrada, que iré actualizando cada semana, y que será incluida como sección propia del blog. Próximamente, haremos lo mismo con actores, actrices, realizadores, etc. También podemos ir haciéndolo por años, y decir cuál es el acontecimiento más importante, la película más interesante o lo que queráis (sobre cine, eso sí), y así ir haciendo un hilo. El primero que comente puede elegir el año por el que empezar.

¿Qué os parece? ¿Qué preferís? Los mejores artículos serán publicados... He abierto la encuesta para que decidáis sobre la marcha, aunque siempre son bienvenidos los comentarios ;)

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4 Comments:

At 10:18 a. m., Anonymous Torrelodones said...

Enhorabuena por tu vigesimo primer puesto.

 
At 11:46 a. m., Anonymous Jacinto Benavente said...

Crítica de Clerks 2 by Jacinto Benavente:

Kevin Smith vuelve a hacernos disfrutar con su maravilloso talento cómico, volviendo por sus fueros con su propio cine, el suyo de verdad, el auténtico, el que gusta, el divertido, el que tiene ritmo, en definitiva, el de caca-culo-pedo-pis mezclado con historia romántica pedorra (esto funcionó y muy bien en Persiguiendo a Amy, que me encantó casi tanto como cuando me pillo un huevo con la cremallera –el lector me perdone, que se me ha pegado el humor de Kevin Smith de tan divertido que es) En vista de que su anterior proyecto, en el que apostó por un cine más… ¿serio?, ¿adulto?... Bueno, digamos que con New Jersey Girl trató de cambiar de rumbo pero lo único que cambiaron fueron los ingresos obtenidos, a peor, y la consideración de su público, que se llevó la impresión de haberse quedado sin uno de los grandes talentos cómicos del cine americano actual. Si quería limpiar su reputación, tenía que hacerlo de una forma drástica. La más fácil era sin duda la que eligió: Realizar una secuela de su primera película, aquella que realizó en blanco y negro con cuatro centavos y que le lanzó inmediatamente al estrellato. La obra en cuestión se titulaba Clerks y narraba durante escasa hora y media las aventuras de Dante y Randal tras el mostrador de un videoclub. Apasionante, doy fe.

Clerks 2, como casi todas las segundas partes de las comedias americanas actuales, es el doble de divertida que su predecesora. Vamos, es que casi no puedo parar de reír al recordarla. Trato de escribir y se me escapan las carcajadas. Para empezar, ahora Randal y Dante trabajan en una especie de hamburguesería con lo que se pueden imaginar el juego que eso proporciona para la comedia. No hay más que recordar el Playtime de Tati cuando éste se adentraba en el restaurante o al Woody Allen de Granujas de medio pelo en la tienda de galletas. Aquí los protagonistas, por ejemplo, pegan moscas en las hamburguesas y echan los hielos directamente sacados del urinario en los refrescos. Para partirse la caja torácica. Bueno, como no se me da demasiado bien la ironía, por poco sutil, y porque no tengo la facilidad humorística de Kevin Smith, que no sé si lo he dicho ya, pero es un tío muy salao y gracioso, voy a hablar completamente en serio y con dureza a partir de ahora. Clerks 2 es un engendro aberrante del mismo calado que Dogma o Persiguiendo a Amy, con lo que los muchos espectadores que disfrutaron de lo lindo con aquellas encontrarán muy de su agrado esta secuela, y que quede claro que cuando aparentemente (ya he dicho que no se me da bien) ironizaba y decía que era el doble de divertida lo decía completamente en serio, y si no basta con repasar la tabla del cero. Una vez más se mantiene como protagonistas en la sombra a los supuestamente graciosos Jay y Bob el silencioso, personajes secundarios habituales en casi toda la filmografía de Smith, que gozaron incluso del protagonismo absoluto en Jay y Bob el silencioso contraatacan, película presumiblemente realizada para satisfacer la demanda de multitud de fans de la pareja en todo el mundo. La gracia, supongo que la deben tener en el culo, y por eso no he sido capaz de encontrársela en ninguna de las películas en las que les he soportado, ya que por fortuna, y supongo que milagrosamente, no han mostrado a la cámara esa parte de su anatomía. Y digo milagrosamente, porque como bien sabrá cualquiera que haya disfrutado (pues conozco testimonios de gente que lo ha hecho) o sufrido sus anteriores películas, el supuesto humor que realiza Smith, se basa únicamente en los diálogos y situaciones más escatológicos posibles, lo cual tal vez no estaría mal del todo si los chistes tuviesen verdadera gracia, cosa que lamentablemente no ocurre. Tampoco me quejaría yo tanto e incluso tal vez me decantase por la alabanza si, ya que se pone, se decidiera por la provocación en grado sumo, al estilo de Harmony Korine, Larry Clark o Todd Solonz, por ejemplo, y ya que quiere encajar un show zoofílico en la película, que trocase esos absurdos planos medios que nada muestran, por lo explícito, lo que además le daría montones de publicidad gratuita cuando las sociedades protectoras de animales se hiciesen eco de que en la última abominación de Kevin Smith, podía verse a un hombre copulando con un asno. Pero como digo, ni tiene gracia, ni provoca, ni nada, ni se ahoga.

Lo que sí trata es de incrustar una pequeña historia de amor, imagino que con el fin de que parezca que la película tiene argumento, y con la que de nuevo podría intentar reconducirse por un cauce distinto con algo de éxito si no fuese porque la historia está demasiado trillada, gracias a las comedias románticas de Julia Roberts o Sandra Bullock, por ejemplo, que tantas y tantas veces nos han mostrado cosas similares. Dante se va a casar con una novia guapa y decididamente estúpida para llevar una vida cómoda a la par que rancia y aburrida lejos de la hamburguesería en la que tanto se divierte con su amigo de toda la vida Randal, y en la que tanto se divirtió con su jefa, guapa, inteligente, simpática y de la que está enamorado, en una noche de borrachera en la que la dejó embarazada. Se le plantea un dilema, no ya sobre con quién quedarse, como sobre todo con qué quedarse, un dilema casi tan grande como el de Ilsa en Casablanca. Adivinen.

Todo ello aderezado con una selección musical destinada, imagino (porque aquí todo, y principalmente las risas, hay que imaginarlo o suponerlo), a provocar la vergüenza ajena en el espectador, que bascula entre los Jackson Five y King Diamond pasando por Talking Heads, insertándolos aleatoriamente sin el más mínimo pudor, siendo el culmen una secuencia completamente musical en la azotea, con todos los personajes bailando y cantando con el pequeño de los Jackson y sus hermanitos de soporte. Supongo que estaré perdiendo el sentido del humor, ya que no he sido capaz de reirme en toda la película, y, sin embargo, en la imdb, la base de datos de cine más completa de internet, los usuarios le han otorgado una media de 8,1 sobre 10, situándola muy cerca de entrar en el top de las 250 mejores películas de la historia que esta misma página confecciona. Así pues, que nadie tome demasiado en serio mis comentarios y vayan a ver la película. Casi trece mil espectadores no pueden estar equivocados.

 
At 11:49 a. m., Anonymous Jacinto Benavente said...

Corrupción en Miami:
Para cualquier buen cinéfilo que se precie, el desembarco de una nueva película de Michael Mann siempre es motivo de celebración, ya que por méritos propios se ha aupado y consagrado dentro del hoy reducido grupo de cineastas-autores capaces de llegar a un público masivo en lugar de verse relegado a ser pasto de vídeo clubs o motivo de alguna charla entre pseudo-amantes del séptimo arte en cualquier cafetería kistch que se precie.

Sin embargo, la última peripecia cinematográfica del director de El último mohicano, ha despertado una serie de críticas y prejuicios previos a su visionado que se deben en gran parte al recuerdo y asociación que cualquiera tiene de la serie de televisión ochentera que causó furor en todo el mundo y que él mismo produjo. El cóctel de hombreras, laca, sintetizadores y Don Johnson es normal que invite a presagiar cualquier debacle en el traslado a la gran pantalla de los agentes Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, PERO por suerte, y como reza el título de este artículo, SuperMann ha vuelto para demostrar que los viejos rockeros nunca mueren, y que las críticas mejor hacerlas tras haber visto la película en vez de anticiparlas mediante cualquier absurda suposición fallida.

Y es que Corrupción en Miami es una película poderosa, con mucha fuerza y llena de vigor, que engancha desde el primer plano, poseedora de un ritmo trepidante (luego entraré con más detalle en la particular concepción del ritmo según Mann) y visualmente deslumbrante, que hace gala de una puesta en escena sencillamente magistral que apabulla a través de la multitud de localizaciones, personajes, lanchas, coches, espectaculares féminas, glamour, lujo, y que, a diferencia de la serie, están integrados como escenario real del submundo del narcotráfico a gran escala por el que deben desenvolverse los dos agentes para desentramar una complicada red liderada por nuestro Luis Tosar, en una gran caracterización que consigue acojonar con su mirada y presencia, aprovechando las ventajas de un papel con un parco pero suficiente diálogo.

Así pues, el cineasta aprovecha todos los elementos materiales para confeccionar un thriller high-tech propio del siglo XXI donde la pareja policía son un par de tipos "cool", guapos y bien vestidos, pero más complejos de lo que a priori puedan mostrar sus ropas caras o sus poses chulescas. De hecho, la mayor virtud del largometraje es su premeditada contención. Aquel que pensaba encontrarse con una action-movie al uso con Colin Farrell bajándose él solo a todo el cártel de la droga, no puede ir más equivocado, ya que por el contrario, Mann ha creado un thriller de manual, con su trama, sus picos, sus puntos de cambio y sus subtramas que serán resueltas al final (donde de nuevo, sus personajes al finalizar la historia se verán relegados a la soledad, al aislamiento sin remisión, a la vida real), llena de tensión, y poblada tan solo de un par de momentos de pura acción, eso sí, momentos de puro cine. El cineasta utiliza la misma técnica que en Heat para mostrar del mismo modo que ha mantenido el tono en todo el metraje, realiza un tratamiento de la acción híper realista. Sin coreografías espectaculares ni trucos de circo, la acción es sucia, directa, con un sonido que aturde, confunde, como debe ser en los tiroteos reales, donde las balas duelen y la sangre no se expulsa a chorro, donde todo es confuso, polvo, barro, imágenes desenfocadas, encuadres voluntariamente alejándose de la nitidez característica en las últimas muestras de cintas de acción pura y dura. Mann introduce al espectador dentro del tiroteo, alejándolo de la imagen preconcebida de ficción pura y dura, ofrece un recital que bien podría ser una clara ficccionalización filmada de un tiroteo real.

De hecho, y al igual que ocurría en Heat o Collateral, los puntuales momentos de acción son de una intensidad tal, que a pesar que duren no más de diez minutos, el espectador sigue consternado por la violencia interna de la secuencia y el realismo que destila. Una vez más, el cineasta demuestra que no se necesita una sucesión de persecuciones ni explosiones para confeccionar un excelente thriller, y que como ha venido probando desde hace diez años, cuando sus películas empezaron a exceder de las más de dos horas de duración, es un maestro en retener la atención, concentración y tensión del espectador, ya que largometrajes tan diferentes como El dilema o Collateral, a pesar de no contener acción (la segunda en un par de ocasiones de hecho) mantiene pegado a la butaca a la audiencia, y es que Mann es un maestro en el arte de dominar el tempo narrativo, consiguiendo que un ritmo, por lento que sea en función a las exigencias de la historia, no implica una pérdida de interés por parte del público, y pocos directores hay capaces de aguantar la mirada del espectador, pero más importante, la atención, durante dos horas y media. Esa facultad, unido a su rigor como cineasta, provoca que momentos como el plano de espaldas de Luis Tosar donde sin verle la cara adivinamos toda la furia interior del personaje al comprobar la traición de su mujer, o el momento en que el personaje que encarna Gong Li descubre con un destello de la placa de Sonny Crockett, que éste es en realidad un policía, nos devuelve la esperanza de aunar buen cine y consumo en una sola película. De hecho quizás Shyamalan, Fincher y Soderbergh en una faceta más cínica, sean los únicos capaces de aunar con acierto estas dos características que la gente se empeña en que caminen paralelas en lugar de complementarse. Por suerte las fugas poéticas que Mann se permite y coexisten en Corrupción en Miami, no desentonan en modo alguno con el tono de la película.

El único problema con el que la película se encuentra de cara es su pretensión. El film queda atrapado en una especie de limbo al debatirse entre dos opciones sin pertenecer a ninguna de ellas, conteniendo factores de ambas. Sin entrar en la profundidad del grupo de películas más "artísticas" de Mann como Ali o El dilema, ni llegar a la madurez de género de El último mohicano o Heat, Corrupción en Miami encalla en tierra de nadie al sobresalir por encima de la media de películas de entretenimiento que se producen hoy en día, pero sin alcanzar el grado superior, no alcanzando ninguno de los dos estatus, siendo ése el mayor defecto en cuanto a su ubicación o calificación ya que por estas mismas razones se escapa de un movimiento, género o tendencia concreta y puede llegar a crear confusión y/o injusta desilusión en todo aquel espectador que busque ver otra versión de S.W.A.T., por ejemplo.

Por suerte, Mann ha vuelto a demostrar porqué es uno de los mejores cineastas en activo y ratificado la devoción de sus entusiastas al conseguir que una película de este calibre jamás se le vaya de las manos. Y es que el guionista, productor y director, ha pasado a formar parte del grupo de cineastas como Spielberg, Shyamalan o Almodóvar, que siendo plenamente conscientes de su madurez como creadores cinematográficos, ya no harán nunca una mala película. Y eso, es mucho

 
At 1:41 a. m., Anonymous Anónimo said...

mm... bookmarked thoughts

 

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